Por años, Las Vegas fue sinónimo de exceso, luces deslumbrantes y turistas de todas partes del mundo buscando vivir, aunque fuera por un fin de semana, una fantasía de lujo y desenfreno. Pero los dados parecen haber caído mal para la capital del entretenimiento: los turistas internacionales están dejando de venir, y la ciudad siente el golpe.
La alcaldesa Shelley Berkley lo dijo sin rodeos: “Tenemos un mercado bastante grande con los canadienses, pero ha pasado de ser un grifo abierto a un goteo.” Su súplica, dirigida especialmente al público del norte, es casi un acto de desesperación frente a una caída que no se detiene. En julio, Las Vegas recibió 3,2 millones de visitantes, un 12% menos que el año anterior, marcando siete meses consecutivos de descenso, según datos de la Autoridad de Convenciones y Visitantes de Las Vegas (LVCVA).

La situación revela una verdad incómoda: Las Vegas, construida sobre el brillo del turismo y los espectáculos, está más vulnerable que nunca a los vaivenes del mercado global. Lo que antes era una marea constante de visitantes —apostadores mexicanos, viajeros canadienses, curiosos europeos— hoy se ha convertido en un goteo que apenas mantiene la maquinaria encendida.
Y es que el alma de Las Vegas no está en sus edificios ni en sus neones; está en la gente que la recorre. Sin ellos, la ciudad se convierte en un escenario vacío, un espejismo en medio del desierto. Berkley lo sabe, y por eso su llamado suena más a súplica que a discurso político: quiere que vuelvan los que alguna vez hicieron de este oasis artificial un símbolo de prosperidad.
Pero los tiempos cambian. El mundo del entretenimiento ya no depende solo de la experiencia física. El lujo se consume ahora en pantallas, los casinos caben en un teléfono y las luces más brillantes están en TikTok. Quizá Las Vegas deba reinventarse, no con más espectáculo, sino con más sentido.
Porque, al final, la verdadera apuesta que enfrenta la ciudad no está en la ruleta: está en su capacidad de adaptarse a un mundo que parece haberle dado la espalda.
